No permitas que te controlen tus muertos.
A veces nuestras inseguridades y miedos nos hacen refugiarnos en ideas de otros para justificarnos a nosotros mismos el hecho de no haber actuado de cierta manera ante alguna situación. Al hacerlo no tenemos sentimiento de culpa ni de vergüenza, porque existió un “motivo válido” que nos obligo a no tomar esa decisión o no dar ese paso que en algunas ocasiones era determinante para el resto de nuestras vidas.
Pero ¿Quiénes son esos otros que con sus ideas nos controlan? ¿Dónde están?… Están en donde nosotros se lo permitamos. Normalmente están en nuestra propia casa. Crecemos con ideas impuestas que nos han sido embebidas desde niños por nuestros padres o abuelos. No debemos rechazar las enseñanzas de ellos, nos ganan por pura experiencia, incluso deberíamos escucharlos más seguido hablar de temas de vida que nos interesen. El problema es cuando nos imponen sus comportamientos.
La sociedad evoluciona, algunas de las ideas y comportamientos de nuestros abuelos han caducado. Otras siguen vigentes y así lo serán por siempre, pero ¿Cómo saber cuáles aprovechar y cuáles no? Piensa en los errores que has cometido o las malas decisiones que hayas tomado y con frialdad medita si fueron consecuencia de una manera de pensar impuesta o de que actuaste de una forma cuando en realidad querías o necesitabas actuar de otra. Eso es lo que hay que eliminar.
Muchos años, más de treinta, me costó a mí en lo personal quitarme de la cabeza la idea de mi abuelo que mi madre repitió hasta el cansancio: “Un hombre deja de ser hombre cuando pierde la vergüenza de pedir”… ¡Guau! ¡Qué frase de diez! Orgullo y soberbia desmedida, honor y lealtad y ya no sé qué otras palabras “dignas” poner. Mi abuelo fue un buen hombre que superó una extrema pobreza en un medio ambiente terrible hace más de ochenta años. En esa época y en ese momento social de su entorno esto era válido, esto lo hacía diferente del resto, lo llevó a llevar una vida ordenada noble y llena de amor para su familia que es muy grande hasta el día en que murió. Hoy en mi momento no puedo concebir que un hombre salga adelante sin externar a otros lo que necesita, así sea ayuda, dinero, trabajo, pareja, consuelo o cualquier otra cosa. ¡Vivimos en una sociedad! Pedir ayuda es discernimiento, hasta los animales irracionales lo hacen.
Otra frase que me encanta: “Perdono, pero no olvido”. Esta no es de mi familia, pero la he escuchado tanto últimamente que hasta parece tener sentido. El perdón no es olvido, ni el olvido es perdón. El perdón es para el que perdona, no para el perdonado. Supongamos que yo te hago una maldad y tú me perdonas, pero no lo olvidas. Yo me quedo con la parte del perdón y si tu no lo olvidas, créeme: Me anda valiendo. El no olvidar te genera un resentimiento que te amargará la vida hasta tu muerte, no sin antes dejarte una artritis o un cáncer en tu sagrado cuerpo. El verdadero perdón obra en ti cuando recuerdas la maldad que te hice pero has decidido que ya no te va a doler ni afectar. Entonces has perdonado y ni siquiera tienes necesidad de decírmelo. Con el paso del tiempo yo tendré una culpabilidad y me quedaré con la incertidumbre de si me habrás perdonado y el que morirá de cáncer soy yo. Entonces, ¿Qué prefieres? ¿Hacerle caso a la frase de la abuela o vivir a tu manera?
“Las cosas suceden por algo”. Esta idea no tengo la menor idea de por qué está tan de moda. Es obvio que todo sucede por una razón o motivo. No hay nada en este universo que se mueva sin una causa o reacción. El sentido no está errado, pero pienso que en vez de usarla para justificar problemas o momentos dolorosos, deberíamos pensar en lo que podemos aprender de estas experiencias. En vez de pensar “perdí mi trabajo pero las cosas suceden por algo, yo creo que eso era lo que necesitaba para encontrar otro mejor” vamos a pensar: “Perdí mi trabajo, hoy tengo la oportunidad de tomar la decisión de deprimirme o de buscar otra oportunidad mejor a lo que tenía” Si la primera frase falla, la responsabilidad fue del destino… ¡Por algo fue!… Si la segunda frase falla, la responsabilidad es tuya. ¿Te atreves a tomarla o prefieres seguir evadiéndola? Piensa cómo aplicaría esto a otras situaciones como una tragedia, una decepción amorosa o lo que te haya pasado.
Encontré en Facebook otra joyita: “El mundo no es cruel, las personas lo son. La vida no es injusta, las personas lo son” y sobra decir que tenía más de mil “likes” y comentarios como “¡Cuánta razón!”, “¡Una gran verdad!”, “¡Lo vivo todos los días!”. No sé cuando hayan redactado este pensamiento, pero suena como de 1800. A estas alturas no podemos ser víctimas del entorno, nosotros decidimos como sentirnos con el comportamiento de las demás personas. Claro que vamos a encontrar crueldad e injusticia siempre, pero es parte del crecimiento de toda la humanidad. No podemos detenernos a sufrir por eso. Si en nuestras manos está lograr un cambio positivo, pues hagámoslo. Pensemos “YO no soy cruel, YO no soy injusto” y eso es lo que importa. Si yo soy así, ¿No habrá también bondad y justicia en otras personas? ¡Pues búscalas y coexiste con ellas!
Encuentra en tu vida los lineamientos que tienes heredados y que hoy han caducado. No los elimines, actualízalos a tu realidad de hoy, adáptalos a tu bienestar. Si tu bisabuelo, tu abuelo y tu padre son borrachos, tú no tienes por qué seguir esa bonita tradición familiar, es tu decisión. Seguramente al menos uno de ellos ya está muerto.
Mis cuatro amigos
Tantos temas para hablar y tan poco tiempo. Tanta variedad de información en nuestro informático mundo. Infinidad de tópicos estudiados a fondo en internet…
A mí en lo personal me gusta conversar de algunos temas que no tienen nada de extraordinario. Por ejemplo: me gusta hablar de música y decir por qué creo que Pink Floyd es la mejor banda de la historia, por qué pienso que Adele apesta y por qué dejé la música cuando por mucho tiempo la estudié.
Me gusta hablar de videojuegos, también creo que Mario es un fenómeno histórico y desahogar la frustración que sentí cuando salió en noviembre el NFS THE RUN después de esperarlo por meses y ver que sólo era más de lo mismo.
Me gusta hablar de series de televisión y comentar los chistes de Pete y Myka de Warehouse 13, la actitud de Dean de Supernatural y mi amor eterno por Dana Scully y seguir afirmando que Walden Schmidt no es otro personaje más que Kelso con dinero.
Volviendo al tema de la música, me apasiona discutir sobre la historia y el desarollo de los sintetizadores análogos y digitales, puedo habar por horas del Jupiter 8, del Korg M1 o de la serie digital de Roland de los años noventas.
De fotografía ni se diga, ahí nos amanece mencionando técnicas, fotógrafos, sobre todo si hablamos de procesos de film, estilos, revelado, uf! Mejor le paro. Y si aparte de eso tomamos en cuenta lo digital ni se diga, de aquí soy.
Amo los libros, amo el diseño editorial, a eso me he dedicado muchos años, puedo mantener una excelente conversación al respecto, también de ciertos escritores, no muchos, pero los pocos que conozco han logrado marcar algo en mi vida y he aprendido a odiarlos como a Paolo Coello y a amarlos como a los hamburgueseros de Stephen King o Michael Conelly. Tengo mi propia biografía psicológica metafísica de H.P. Lovecraft (no autorizada) y me encantaría compartirla con alguien.
De cine no me gusta hablar mucho, en ese tema soy muy cerrado. Mi máximo será por siempre Kubrik y el cine de arte de da una pereza fatal. No estoy abierto a muchas sugerencias aunque me gusta leer las críticas que hace Narciso Enrique Vázquez Luna y alguna vez he seguido sus palomeras recomendaciones más por diversión que por verdadero interés cinematográfico.
Yo no admiro al Ché Guevara y me gustaría también compartir el por qué con alguien.
Odio a los Simpson y nunca me han preguntado de dónde nació esa repulsión.
En vez de verme feo por no tener religión, quizás sería más interesante preguntarme por qué esa decisión y escuchar lo que tengo que decir al respecto.
Pero no.
A nadie le interesa platicar conmigo de otra cosa que no sean enfermedades.
Solo cuatro de mis amigos siguen conversando conmigo como lo hacían antes de 2010. El resto únicamente me hace la misma pregunta: ¿Cómo estoy?…. cuando les digo que estoy bien, estable o cualquier mamada que se me ocurra, entonces se despiden y dicen que bueno (con esa mirada de uf! Pues no te has muerto) Gracias por su preocupación, pero me gustaría más que se quedaran un rato a hablar de cualquier otra cosa.
Cuando me preguntan: –¿cómo estás?…
¿De veras creen que les digo la verdad?
Podcasts antiguos
Encontré perdidos unos podcasts de cuando el Café Aguado se transmitía por la página web del periódico Contacto hoy, que realizabamos el Escritor y Maestro en Historia Gilberto Jiménez Carrillo y un servidor en 2009.
http://www.4shared.com/embed/735638259/3f51cc30
http://www.4shared.com/embed/735641241/e7b9e6d9
Exorcizando mis fantasmas
No entiendo por qué me gustan tanto las canciones en francés si no les entiendo ni papa. La tendencia humana es que no nos guste lo que no entendemos y hasta lo criticamos, pero si está de moda nos lo tragamos, nos lo ponemos, lo escuchamos y nos lo fumamos.
El reto de la semana fue aprender a reconocer errores propios. Me di cuenta que el primer paso es que hay que admitirlos y yo soy la primera persona que debe hacerlo, no mi vecino ni mi compadre, ni mi asistente: ¡Yo mesmo!
Tratar con uno mismo es lo más difícil que hay. Cuando conoces a otra persona no sabes cómo va a reaccionar contigo, no sabes de qué hablar, así que empiezas a buscar temas, y la otra persona hace lo mismo contigo, así que poco a poco se va dando una relación perfectamente medida en la que ninguno de los dos toca terrenos que lastimen al otro. Pero, conocerse realmente a sí mismo está del nabo, porque sabes perfectamente cómo vas a reaccionar ante cualquier cosa que te digas y por eso preferimos evitarlo. Nos da pavor.
Reconocer los errores o fallas propias no es todo lo que se tiene que hacer para corregirlas, después de admitirlos vienen otros procesos muy interesantes que todos conocemos pero no nos damos a la tarea de analizarlos.
Después de reconocer entramos en negación, como cuando se nos diagnostica una enfermedad grave… lo primero que pensamos es: —¡Nel, yo no!— Nos hacemos a la idea de que a nosotros no puede pasarnos esto. Luego viene la resistencia, que es cuando ponemos una razón por la cual a nosotros no puede pasarnos esto: —¡Nel, yo no, porque soy muy buena persona, estoy muy bien educado, no veo porno en internet…—. Luego después de resistirnos, cuando vemos que no nos queda de otra entramos a una fase de evasión donde preferimos cambiar el tema o hablar de otra persona, la que sea: —¡Nel, yo no, porque soy muy fino y educado! Eso nomás les pasa a la gente corriente como los de la casa de enfrente, que por cierto, ¿Sabías que la muchacha quedó embarazada a los doce años?— Si superamos esta etapa y dejamos de hablar de la adolescente locochona y regresamos a nuestro análisis, entramos a una fase de racionalización, que es cuando admitimos el error o la falla después de vencer estos últimos pasos. En la racionalización buscamos el lado positivo de nuestros errores o fallas: —Bien, admito que soy un mariguano, pero gracias a eso pinto unos cuadros que vendo carísimos— o también: —Admito que tengo un carácter de la chingada, pero eso me ayuda a que los demás no me hagan daño—
Entonces, ¿qué nos queda después de todo este camino?… Sólamente lo sabremos cuando lleguemos a este punto, por lo pronto tenemos que aprender a vivir con lo que nos tocó. No existe nada más patético que un individuo pretendiendo ser lo que no es.







