Saltar al contenido

No permitas que te controlen tus muertos.

20 abril, 2012

A veces nuestras inseguridades y miedos nos hacen refugiarnos en ideas de otros para justificarnos a nosotros mismos el hecho de no haber actuado de cierta manera ante alguna situación. Al hacerlo no tenemos sentimiento de culpa ni de vergüenza, porque existió un “motivo válido” que nos obligo a no tomar esa decisión o no dar ese paso que en algunas ocasiones era determinante para el resto de nuestras vidas.

Pero ¿Quiénes son esos otros que con sus ideas nos controlan? ¿Dónde están?… Están en donde nosotros se lo permitamos. Normalmente están en nuestra propia casa. Crecemos con ideas impuestas que nos han sido embebidas desde niños por nuestros padres o abuelos. No debemos rechazar las enseñanzas de ellos, nos ganan por pura experiencia, incluso deberíamos escucharlos más seguido hablar de temas de vida que nos interesen. El problema es cuando nos imponen sus comportamientos.

La sociedad evoluciona, algunas de las ideas y comportamientos de nuestros abuelos han caducado. Otras siguen vigentes y así lo serán por siempre, pero ¿Cómo saber cuáles aprovechar y cuáles no? Piensa en los errores que has cometido o las malas decisiones que hayas tomado y con frialdad medita si fueron consecuencia de una manera de pensar impuesta o de que actuaste de una forma cuando en realidad querías o necesitabas actuar de otra. Eso es lo que hay que eliminar.

"Hijo mío, siéntete orgulloso... ¡Has heredado el auto de tu abuelo!"

Muchos años, más de treinta, me costó a mí en lo personal quitarme de la cabeza la idea de mi abuelo que mi madre repitió hasta el cansancio: “Un hombre deja de ser hombre cuando pierde la vergüenza de pedir”… ¡Guau! ¡Qué frase de diez! Orgullo y soberbia desmedida, honor y lealtad y ya no sé qué otras palabras “dignas” poner. Mi abuelo fue un buen hombre que superó una extrema pobreza en un medio ambiente terrible hace más de ochenta años. En esa época y en ese momento social de su entorno esto era válido, esto lo hacía diferente del resto, lo llevó a llevar una vida ordenada noble y llena de amor para su familia que es muy grande hasta el día en que murió. Hoy en mi momento no puedo concebir que un hombre salga adelante sin externar a otros lo que necesita, así sea ayuda, dinero, trabajo, pareja, consuelo o cualquier otra cosa. ¡Vivimos en una sociedad! Pedir ayuda es discernimiento, hasta los animales irracionales lo hacen.

Otra frase que me encanta: “Perdono, pero no olvido”. Esta no es de mi familia, pero la he escuchado tanto últimamente que hasta parece tener sentido. El perdón no es olvido, ni el olvido es perdón. El perdón es para el que perdona, no para el perdonado. Supongamos que yo te hago una maldad y tú me perdonas, pero no lo olvidas. Yo me quedo con la parte del perdón y si tu no lo olvidas, créeme: Me anda valiendo. El no olvidar te genera un resentimiento que te amargará la vida hasta tu muerte, no sin antes dejarte una artritis o un cáncer en tu sagrado cuerpo. El verdadero perdón obra en ti cuando recuerdas la maldad que te hice pero has decidido que ya no te va a doler ni afectar. Entonces has perdonado y ni siquiera tienes necesidad de decírmelo. Con el paso del tiempo yo tendré una culpabilidad y me quedaré con la incertidumbre de si me habrás perdonado y el que morirá de cáncer soy yo. Entonces, ¿Qué prefieres? ¿Hacerle caso a la frase de la abuela o vivir a tu manera?

“Las cosas suceden por algo”. Esta idea no tengo la menor idea de por qué está tan de moda. Es obvio que todo sucede por una razón o motivo. No hay nada en este universo que se mueva sin una causa o reacción. El sentido no está errado, pero pienso que en vez de usarla para justificar problemas o momentos dolorosos, deberíamos pensar en lo que podemos aprender de estas experiencias. En vez de pensar “perdí mi trabajo pero las cosas suceden por algo, yo creo que eso era lo que necesitaba para encontrar otro mejor” vamos a pensar: “Perdí mi trabajo, hoy tengo la oportunidad de tomar la decisión de deprimirme o de buscar otra oportunidad mejor a lo que tenía” Si la primera frase falla, la responsabilidad fue del destino… ¡Por algo fue!… Si la segunda frase falla, la responsabilidad es tuya. ¿Te atreves a tomarla o prefieres seguir evadiéndola? Piensa cómo aplicaría esto a otras situaciones como una tragedia, una decepción amorosa o lo que te haya pasado.

Encontré en Facebook otra joyita: “El mundo no es cruel, las personas lo son. La vida no es injusta, las personas lo son” y sobra decir que tenía más de mil “likes” y comentarios como “¡Cuánta razón!”, “¡Una gran verdad!”, “¡Lo vivo todos los días!”. No sé cuando hayan redactado este pensamiento, pero suena como de 1800. A estas alturas no podemos ser víctimas del entorno, nosotros decidimos como sentirnos con el comportamiento de las demás personas. Claro que vamos a encontrar crueldad e injusticia siempre, pero es parte del crecimiento de toda la humanidad. No podemos detenernos a sufrir por eso. Si en nuestras manos está lograr un cambio positivo, pues hagámoslo. Pensemos “YO no soy cruel, YO no soy injusto” y eso es lo que importa. Si yo soy así, ¿No habrá también bondad y justicia en otras personas? ¡Pues búscalas y coexiste con ellas!

Encuentra en tu vida los lineamientos que tienes heredados y que hoy han caducado. No los elimines, actualízalos a tu realidad de hoy, adáptalos a tu bienestar. Si tu bisabuelo, tu abuelo y tu padre son borrachos, tú no tienes por qué seguir esa bonita tradición familiar, es tu decisión. Seguramente al menos uno de ellos ya está muerto.

¿Tu realidad también da pena?

5 marzo, 2012

La pregunta ¿Qué te falta en tu vida? Es una de las más difíciles de contestarnos. Normalmente no sabemos aunque para quejarnos estamos listos y afilados todo el tiempo. Las preguntas más simples muchas veces son las que nos dejan reflexionando, pero esas reflexiones solo son una leve medicina que no nos permite aceptar que nuestra realidad es de dar pena, entonces decimos: “No, a mi no me hace falta nada, tengo todo lo que necesito.”

Mentiroso. Todos necesitamos algo.

"Yo sólo te necesito a ti, pimpollito de caramelo"

"Yo sólo te necesito a ti, pimpollito de caramelo"

Si en realidad puedes contestar esta pregunta con la verdad, es porque en tu vida existe un propósito, sabes a dónde vas y sabes cuánto te falta para llegar. Los que tienen propósitos siempre necesitan algo para alcanzarlos y cuando lo logran inmediatamente están sobre la siguiente meta.

Si no necesitas nada, es porque tú no eres nada. Así de cruel es esto. Vivir sin un propósito es andar como loquito a la deriva, sin motivos para trabajar, aprender, crecer, tomar conciencia, vivir nuevas experiencias de todo tipo.

Al darnos cuenta de esto, aparece automáticamente la protección en forma de autojustificación generando excusas que normalmente involucran a otras personas o al medio ambiente: “yo quiero ser actor, pero… pues soy realista, tengo que trabajar porque tengo un hijo”. “Quiero poner mi tienda, pero… pues no tengo dinero y nadie me da crédito”. “En esta ciudad la competencia esta canija, mejor no le entro”… y mejor ahí  le paro porque hasta sueño me está dando con estos ejemplos que por supuesto tienen su validez, no es fácil crecer, nunca lo ha sido, pero podríamos cambiar esto si en vez de verlos como eventos insuperables los vemos como simples obstáculos.

Los obstáculos siempre están presentes en nuestra vida, son eventos o circunstancias ajenas a nosotros y deben resolverse, créanme, siempre hay una opción. Pasamos toda la vida resolviendo obstáculos desde que nacemos, la idea de ver uno inmenso nos puede desanimar pero cuando la fuerza del propósito es más grande como por arte de magia los obstáculos se disuelven y empezamos a verlos como retos de crecimiento y hasta adictos nos hacemos a ellos.

Para evitar esa enfermiza forma de autojustificarnos y que no aparezca en automático cada que queremos tomar una decisión es necesario dejar de observarnos actuar, simplemente estar ahí viviendo el momento. ¿Cuántas veces nos preguntamos al día “lo estaré haciendo bien”? o tenemos pensamientos como “¿Estaré hablando bien?”, “Uy, ahí está el director, ¿estaré bien vestido?

Esto nos conduce a la peor pobreza que hay en el ser humano: la pobreza de espíritu, el “yo no soy, tu eres; escucho y obedezco”. La mejor manera de evitar caer en este patético estado es tener claro el por qué estamos aquí, por qué encarnamos en este planeta, por qué Dios nos puso en dónde estamos o cualquiera que sea tu creencia siempre debe haber un argumento que valide tu existencia.

Busca un propósito, aunque sea pequeño pero empieza a vivir por él, empezaras a actuar con guía, con pulso y enfocarás tus acciones a cumplirlo, es ahí cuando verás que todo conspira a favor de ti. Verás que al cubrir esta meta estarás listo para la que sigue. El transcurso del día no depende del esfuerzo que realizamos para vivirlo. Depende de cómo respondemos a sus eventos.

Mis cuatro amigos

31 diciembre, 2011

Tantos temas para hablar y tan poco tiempo. Tanta variedad de información en nuestro informático mundo. Infinidad de tópicos estudiados a fondo en internet…

Tu si me entiendes prietita!

Tu si me entiendes prietita!

A mí en lo personal me gusta conversar de algunos temas que no tienen nada de extraordinario. Por ejemplo: me gusta hablar de música y decir por qué creo que Pink Floyd es la mejor banda de la historia, por qué pienso que Adele apesta y por qué dejé la música cuando por mucho tiempo la estudié.

Me gusta hablar de videojuegos, también creo que Mario es un fenómeno histórico y desahogar  la frustración que sentí cuando salió en noviembre el NFS THE RUN después de esperarlo por meses y ver que sólo era más de lo mismo.

Me gusta hablar de series de televisión y comentar los chistes de Pete y Myka de Warehouse 13, la actitud de Dean de Supernatural y mi amor eterno por Dana Scully y seguir afirmando que Walden Schmidt no es otro personaje más que Kelso con dinero.

Volviendo al tema de la música, me apasiona discutir sobre la historia y el desarollo de los sintetizadores análogos y digitales, puedo habar por horas del Jupiter 8, del Korg M1 o de la serie digital de Roland de los años noventas.

De fotografía ni se diga, ahí nos amanece mencionando técnicas, fotógrafos, sobre todo si hablamos de procesos de film, estilos, revelado, uf! Mejor le paro. Y si aparte de eso tomamos en cuenta lo digital ni se diga, de aquí soy.

Amo los libros, amo el diseño editorial, a eso me he dedicado muchos años, puedo mantener una excelente conversación al respecto, también de ciertos escritores, no muchos, pero los pocos que conozco han logrado marcar algo en mi vida y he aprendido a odiarlos como a Paolo Coello y a amarlos como a los hamburgueseros de Stephen King o Michael Conelly. Tengo mi propia biografía psicológica metafísica de H.P. Lovecraft (no autorizada) y me encantaría compartirla con alguien.

De cine no me gusta hablar mucho, en ese tema soy muy cerrado. Mi máximo será por siempre Kubrik y el cine de arte de da una pereza fatal. No estoy abierto a muchas sugerencias aunque me gusta leer las críticas que hace Narciso Enrique Vázquez Luna y alguna vez he seguido sus palomeras recomendaciones más por diversión que por verdadero interés cinematográfico.

Yo no admiro al Ché Guevara y me gustaría también compartir el por qué con alguien.

Odio a los Simpson y nunca me han preguntado de dónde nació esa repulsión.

En vez de verme feo por no tener religión, quizás sería más interesante preguntarme por qué esa decisión y escuchar lo que tengo que decir al respecto.

Pero no.

A nadie le interesa platicar conmigo de otra cosa que no sean enfermedades.

Solo cuatro de mis amigos siguen conversando conmigo como lo hacían antes de 2010. El resto únicamente me hace la misma pregunta: ¿Cómo estoy?…. cuando les digo que estoy bien, estable o cualquier mamada que se me ocurra, entonces se despiden y dicen que bueno (con esa mirada de uf! Pues no te has muerto) Gracias por su preocupación, pero me gustaría más que se quedaran un rato a hablar de cualquier otra cosa.

Cuando me preguntan: –¿cómo estás?…

¿De veras creen que les digo la verdad?

Podcasts antiguos

12 agosto, 2011

Encontré perdidos unos podcasts de cuando el Café Aguado se transmitía por la página web del periódico Contacto hoy, que realizabamos el Escritor y Maestro en Historia Gilberto Jiménez Carrillo y un servidor en 2009.

Gilberto Jiménez y Oliver Anderson

Gilberto Jiménez y Oliver Anderson

 

 

http://www.4shared.com/embed/735638259/3f51cc30
http://www.4shared.com/embed/735641241/e7b9e6d9

Exorcizando mis fantasmas

11 agosto, 2011

No entiendo por qué me gustan tanto las canciones en francés si no les entiendo ni papa. La tendencia humana es que no nos guste lo que no entendemos y hasta lo criticamos, pero si está de moda nos lo tragamos, nos lo ponemos, lo escuchamos y nos lo fumamos.

El reto de la semana fue aprender a reconocer errores propios. Me di cuenta que el primer paso es que hay que admitirlos y yo soy la primera persona que debe hacerlo, no mi vecino ni mi compadre, ni mi asistente: ¡Yo mesmo!

“Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas han sido inyectado el veneno del miedo … del miedo al cambio.” Octavio Paz

Oh chet!

Tratar con uno mismo es lo más difícil que hay. Cuando conoces a otra persona no sabes cómo va a reaccionar contigo, no sabes de qué hablar, así que empiezas a buscar temas, y la otra persona hace lo mismo contigo, así que poco a poco se va dando una relación perfectamente medida en la que ninguno de los dos toca terrenos que lastimen al otro. Pero, conocerse realmente a sí mismo está del nabo, porque sabes perfectamente cómo vas a reaccionar ante cualquier cosa que te digas y por eso preferimos evitarlo. Nos da pavor.

Reconocer los errores o fallas propias no es todo lo que se tiene que hacer para corregirlas, después de admitirlos vienen otros procesos muy interesantes que todos conocemos pero no nos damos a la tarea de analizarlos.

Después de reconocer entramos en negación, como cuando se nos diagnostica una enfermedad grave… lo primero que pensamos es: —¡Nel, yo no!— Nos hacemos a la idea de que a nosotros no puede pasarnos esto. Luego viene la resistencia, que es cuando ponemos una razón por la cual a nosotros no puede pasarnos esto: —¡Nel, yo no, porque soy muy buena persona, estoy muy bien educado, no veo porno en internet…—. Luego después de resistirnos, cuando vemos que no nos queda de otra entramos a una fase de evasión donde preferimos cambiar el tema o hablar de otra persona, la que sea: —¡Nel, yo no, porque soy muy fino y educado! Eso nomás les pasa a la gente corriente como los de la casa de enfrente, que por cierto, ¿Sabías que la muchacha quedó embarazada a los doce años?— Si superamos esta etapa y dejamos de hablar de la adolescente locochona y regresamos a nuestro análisis, entramos a una fase de racionalización, que es cuando admitimos el error o la falla después de vencer estos últimos pasos. En la racionalización buscamos el lado positivo de nuestros errores o fallas: —Bien, admito que soy un mariguano, pero gracias a eso pinto unos cuadros que vendo carísimos— o también: —Admito que tengo un carácter de la chingada, pero eso me ayuda a que los demás no me hagan daño—

Entonces, ¿qué nos queda después de todo este camino?… Sólamente lo sabremos cuando lleguemos a este punto, por lo pronto tenemos que aprender a vivir con lo que nos tocó. No existe nada más patético que un individuo pretendiendo ser lo que no es.

Tu área 51

4 agosto, 2011

Haciendo un recuento de mi vida, me doy cuenta que no me voy a morir. Lo más fácil es morirse, y a mi siempre me ha tocado el camino difícil de las cosas. Cuando no es el destino el que me pone ahí, yo mismo me lo busco. Es mi naturaleza no tomar el camino llano, por el que han pasado todos, por el camino socialmente correcto. No es divertido. ¿Por qué aprender lo que todos ya saben cuando puedes aprender lo que todos ni se imaginan? No te hace “especial” ni diferente, pero te diviertes más y experimentas felicidad.

Yo lo coloco y ella lo quita...

Yo lo coloco y ella lo quita...

Por el camino fácil es más probable que te conviertas en un ganador, pero debes tener cuidado porque detrás de ti ya vienen otros veinte que te quitarán el trono en cuanto te descuides. La ventaja del camino difícil es que cuando llegas a cualquiera de tus metas, nadie se atreve a moverte de tu lugar porque no saben cómo. En vez de ser rey por un día, lo eres por tres.

No quiero socializar con gente mediocre, pero si quiero convivir con la gente triunfadora, que es lo que he estado haciendo ultimamente, tengo que estar a la altura. A mis amigos no les gustan los perdedores y lo sé porque a mi tampoco. Me gusta mucho mi círculo social y no quiero cambiarlo, en los últimos años he aprendido a estar con gente a la que puedo aprenderle algo. Me gustaría devolver el favor aunque sea enseñándole a mis amigos a hacer pasteles, de algo les puede servir algún día… pero creo que primero tengo que aprender a hacer pasteles

Todos nosotros tenemos dentro de nuestra mente nuestra propia área 51. El lugar donde se esconde lo raro, lo vergonzoso, los secretos que no podemos contar, personas, costumbres, culpas a las que solo tenemos acceso nosotros. Ahí se encuentran encerradas nuestras experiencias dolorosas, extrañas, peligrosas. Las que no se le cuentan a nadie.
Todos tenemos algo que ocultar, un pecado, una maña, un vicio, un amor prohibido…

Personalidades, estigmas, sueños, vidas pasadas, arquetipos creados, idilios, odios, rencores. Todo debidamente archivado por orden cronológico y alfabético con su respectiva ficha de acceso rápido. ¿Por que el afán de conservar todo esto? Pues porque creemos que al convertir a todos estos “aliens” en objetos de estudio ya no nos harán daño y al conocerlos podemos lograr que en el futuro no nos afecten. Parte de esto es cierto, pero en nuestra área 51 solamente disponemos de un científico que se dedique a investigar todo esto: Yo mismo.

Mejor aceptemos que estamos en el camino dificil construyendo bases sólidas para lo que viene delante y no lamentemos lo dificil que es lograr la más simple de las metas: sobrevivir. Depuremos el área 51, hay mucho ahí que solo ocupa un lugar y se está pudriendo y contamina nuestra mente.

El camino fácil es para la gente simple, plana, cuadrada y tu no eres de esa clase mediocre. Si estás leyendo esto es porque eres mi amigo y yo no me junto con gente así. Estas cosas que me da la gana escribir son para ti, no me interesa tener 16,325,332 hits de visitas de todo el mundo. Me interesa que estés TU.

¿Qué te rompe el alma?

22 julio, 2011

En el proceso de tomar riendas de uno mismo es increíble como cada persona tiene su propia forma de definirlo, guiarlo y explicarlo. En este aspecto no aceptamos críticas. El hecho que nos digan lo que debemos hacer es insoportable, más aún el que nos digan lo que debemos hacer con nosotros mismos.

¡¿A quién le dices güey, pelao?!

¡¿A quién le dices güey, pelao?!

Y más difícil resulta en estos días en que estamos en una sociedad con una cultura que no nos permite conocernos a nosotros mismos, donde la búsqueda de aprobación de los demás guía hasta los actos más íntimos.

Por esa terrible situación, el Café Aguado, siempre al servicio de la comunidad, pone a su disposición cuatro preguntas que debes hacerte para apenas empezar a conocerte, así que ponte cómodo, quítate las chanclas, abre tu mente, aflójate el cinturón y estudia con calma las cuatro preguntas que nos regaló Carola Fuertes para que empieces a conocer al fulano ese que vive contigo que se llama ego. Y peor aún, para que empieces a darte cuenta de lo que quiere.

1.- ¿Qué hace que te vuelvas loco de entusiasmo?

Aquí es donde te das cuenta si es cierto cuando presumes que “hago lo que me gusta y me pagan”, porque por mucho que adores coser pantalones en una maquiladora, creo que hacerlo tantas horas diarias puede ser aburrido. Comentaba antes que las metas y los sueños pueden evolucionar a la par de la conciencia del sujeto. ¿Tu situación va de la mano con tus metas actuales? Si sabes la respuesta a esta pregunta, ¿ya te estás dedicando a eso que te vuelve loco?

2.-¿Qué te rompe el corazón?

Las cosas que te parten el alma pueden estar en un círculo muy lejano, o pueden ser globales en el planeta siendo muy difícil la tarea de hacer algo al respecto o marcar la diferencia. No permitas que te afecten si están dentro de las cosas que no puedes cambiar. Si son situaciones que están en tus manos, pues realiza actos que te hagan sentir mejor al sentirte que estás ayudando. ¿Son cosas que te afectan directamente a ti?

3.-¿Qué harías si supieras que no vas a fallar?

Muchas veces no seguimos nuestros deseos, sueños o metas simplemente por no saber cómo o por temor al fracaso, al que en un determinado momento podemos hacernos adictos. ¿Tienes bien definido lo que harías si tuvieras la garantía divina de tener éxito y supieras cómo hacerlo?

4.-¿Qué te hace sentir que has contribuido?

Hoy al final del día, cuando ya estés en tu cama repasando tu día piensa con cual de tus acciones contribuiste a todo lo que has pensado en las tres preguntas anteriores.

Carola Fuertes plantea estas preguntas para que uno descubra sus sueños y lo que le apasiona. En lo personal los apasionamientos no me funcionan, me meto tanto en las cosas que las distorsiono a mi manera, me invento mundos fantásticos y sobrenaturales, y al final me los creo. Por eso yo prefiero manejar la idea de hacer “lo que me da la gana” en un marco de aprovechamiento para bien mío, para contribuir en lo que me rompe la madre y verme guapo en el intento.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.